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(Foto por Eugene Smith, 1946)
Qué solas quedan
las palabras que no pude pronunciar
y los amigos cubiertos por la nieve.
No hay nadie
y al mismo tiempo
¡Qué feliz me siento parpadeando campanadas!
Me nacen alitas en los dedos,
estacas de bronce en la memoria,
desfiles colegiales,
nacimientos y pedradas.
Y está el río
con sus cráneos lisos
de ángeles desnudos
Qué grande viene el sueño
con su garfio estampando laberintos
donde está perdida Alicia
y la felina risa que no es de nadie.
Me disfrazo de árbol, ovejero, asno y gaucho
y está el río
donde siguen mudos los arcángeles
durmiendo como nieve
y desnudos al crepúsculo
No me olvidé del sol
No me olvidé
Te lo prometo
Te lo juro.
Se me olvidó el dolor
en un ropero de cascadas y corbatas
Se me olvidó
dónde escondí relojes
pero guardé secretos de culpables que yo amaba
porque no había nadie.
En un ropero con aromas
nacieron mis juguetes de por vida
y que a temprana edad
se les olvidó mi nombre.
Porque yo era silencioso
como nieve
y era nadie.
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