9 jul. 2009

ATALAYA Y MADRE


























1.- La calle

Mira con calma
esta luz
y en las anchas alamedas; el humo de las tiendas.

Los pájaros rompiendo techos.
Los automóviles quemados.
Y la sangre en las vitrinas.

Vivimos
a nivel de las vísceras.

¿Para qué entonces levantar estos muros,
si reptamos lejos de nuestra casa
recordando junto al fósil de una madre
el profundo sueño de las habitaciones viejas?

¿Recuerdas donde la abuela Antonia escondía el pan?
¿El ámbito de la palabra oscuro?
¿Acaso tu casa no fue una segunda piel?

Y mira aquí
la capital
el vacío como un abanico de aullidos
con sus cables y explosivos.

Mira quién
te empuja a caminar por las calles
donde revientan cráneos que por ti
jamás serán reconocidos.

Mira con calma
quienes son los detenidos.

¿Quién nos despojó de nuestras pieles?

Y mira aquí.
Mira quién.
Mira con calma.

2.- El patio

Yo soy lila
la mayor parte de la vida
pero el tibio sol en la mañana
a las diez de la mañana de mi madre
tan lejos de las cosas
hablando de la gente clara, de la gente pan
a las diez de la mañana. Yo soy lila
la mayor parte de mi vida
Pero esta tibieza de la piel
este mínimo calor en las rodillas.

Para escuchar a mi madre yo soy lila
la mayor parte de mi vida.

En el pasaje, la risa de los niños
los pasos quietos del cartero,
el crujido de la escoba,
los martillazos en la cerca del jardín.

Mi madre borda sus palabras:
que son blusas,
paños de cocina
que son días.

Veintiséis años bordando en el primer sillón.
Veintiséis años hablando de la gente.
Veintiséis años amarillos.

Pero yo soy lila
la mayor parte de mi vida que son los veintiséis
años de condena

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