
1
La
calle
Mira
con calma esta luz en las anchas alamedas
el humo de las tiendas.
Los
pájaros rompiendo techos.
Los automóviles quemados.
Y la sangre en las vitrinas.
Vivimos
a nivel de las vísceras.
¿Para
qué entonces levantar estos muros,
si reptamos lejos de nuestra casa
recordando junto al fósil de una madre
el profundo sueño de las habitaciones viejas?
¿Recuerdas
donde la abuela Antonia escondía el pan?
¿El ámbito de la palabra oscuro?
¿Acaso tu casa no fue una segunda piel?
Y
aquí la capital
el vacío como un abanico de aullidos
con sus cables y explosivos.
No
apartes la vista de las calles.
Sube el humo de los nombres
Mira
con calma
quiénes son los detenidos.
¿Quién
nos despojó de nuestras pieles?
Y
mira aquí.
Mira con calma.
2
El
patio
Yo
soy lila
la mayor parte de la vida
pero el tibio sol en la mañana
a las diez de la mañana de mi madre
tan lejos de las cosas
habla de la gente clara, de la gente pan.
A
las diez de la mañana
yo soy lila
la mayor parte de mi vida.
Pero esta tibieza de la piel
este mínimo calor en las rodillas me adormece.
Para
escuchar a mi madre
yo soy lila
la mayor parte de mi vida.
En
el patio, la risa de los niños
los pasos quietos del cartero,
el crujido de la escoba,
los martillazos en la cerca del jardín.
Mi
madre borda sus palabras:
que son blusas, paños de cocina
que son días.
Veintiséis
años bordando en el primer sillón.
Veintiséis años hablando de la gente.
Veintiséis años amarillos.
Y
yo lila
la mayor parte de mi vida:
cobijado en mi piel de niño.
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