10 mar 2017

SIGNOS VISIBLES


Al despertar
regresaré hasta el fruto seco
guardado en el rincón propicio.


Nada cambia en casa.
Habrá que levantarse.

El sol su luz arroja en madrugada
sobre la nueva piel del tacto cada día.
Mensajero de aventuras, va y viene iluminando
y se queda dormido mientras pasa,
en mis pliegues hondos
con su calor redondo.

Canta el gallo atento

y moradores somos de su fulgor en cada nota.
Es un balazo apenas 

de rumores y jardines
preguntando por el río en cuyas aguas quebró el cielo.

Será el invierno, digo,
para mejor vivir el humo de los barcos

porque en los grandes fríos nieva
y en los pequeños ruidos de la nieve

cantan polluelos ateridos.

Nos sentaremos a la mesa
a probar el pan caliente de otros días

a saborear ese ladrido humeante.

Un pájaro en la cocina
nos hará pensar en algún niño,

en un ángel con noticias buenas.
Solo tendremos paz cuando levante el vuelo.

También preguntaremos por los perros
y por los gatos afilando uñas en la leña
con su cascabel terrible.

No quedará títere con cabeza en los recuerdos

apenas el sol caliente.

31 dic 2015

BARRANCO AMARILLO (Sé lo que haré en este invierno).



Clavaré  veletas
para que no las mueva el viento a propio antojo
pues  el humo de nuestra chimenea
será la pista de los pájaros de invierno
perdidos  en el tráfico de vuelos  iniciales.
¿Y tú? ¿ Cuándo vendrás a mi futuro?

Esas aves son memoria
con las rutas de mis  vacaciones invernales.
Arribarán con cantos que olvidé.

Les guardaré el granizo
en un pajar del gallinero.
El granizo
es baqueta en la membrana del tambor de cada techo
y trazo de arquitecto.

A los pájaros les gusta el blanco de sus  rotundas plumas
y el vértigo perfecto de su trazo.

Y los huevos
con su curva de embarazo colorida  empollarán un arcoíris.

La sonrisa  de verano de mis hijos impecables
será  parida en un rayo luminoso
fugitivo  
en la barriga negra de las nubes
que no es la curva comentada.

Clavaré la veleta como quilla
anclada a tu regreso.

Se quedó la luz prendida en la cocina
y por eso se me escapan las palabras antes del regreso
cuando te apareces de improviso dando saltos de contenta
con naipes de soldados y diamantes como reina
porque hablo sin temor 
desprovisto de dolientes atenuantes
cuando clavo la veleta en la memoria.

Es que es mucho
el granizo con la nieve galopando mis tristezas
por tu ausencia acumulada,
por el dolor ventricular y la pureza.

La granizada me golpea hasta la muerte de mi infancia.
Y me aturde
con vocales,
me atolondra la insoportable levedad de tu médula sin nombre
y me asfixia ese redoble si no clavo la veleta
de aquí a noviembre y en mi pecho.

Hay mucha metafísica nevando
en la levedad del miedo centenario al recordarte.
Miro los demonios por las llamas de la chimenea
mientras sube acelerado el humo de sus almas
por la veleta girando como loca en la tormenta
pues no logro detenerla.

Para este invierno
clavaré  nuestras veletas
para que no las mueva nunca el viento
con amenazas de regresos.

25 nov 2014

PLAZA SAMPAIO


























Las cuatro focas.
Las cuatro brisas.

Cuatro ciclistas orbitan
en el espejo del ojo.

Sobre las rocas
las cuatro prisas.

Giran los cuatro ciclistas
y no recuerdo sus rostros.

Junto a las focas
hay cuatro prisas.

Los cuatro muertos de invierno
no llegarán a cuarenta.

A cuatro vientos
van sus banderas.


(A Ito, Pepo, Toyo y Rubén – 1960)


Esta foto tiene un inmenso valor agregado. Tiene que ver con la armonía del espacio público. La composición habla de una idea integral. La capilla, las bancas muy simples asentadas sobre poyos cilíndricos y la casa del fondo eran de color blanco, la calzada; gris. El verde del pasto y de los árboles a una escala correcta daban un equilibrio muy limpio al espacio. 
Las cumbreras de la capilla blanca son ángulos rectos perfectos. El campanil - de color blanco – está posicionado en la esquina actuando como hito y pivote frente a la plaza. 
Al tiempo de la foto, la plaza es modernísima, al igual que la casa frente a la capilla. Es una casa Art Decó y símbolo de la arquitectura moderna. Estamos hablando de los años 40 y parece que esa casa ya estaba en los años 30’. Entonces es una casa vanguardista símbolo característico de la arquitectura moderna que evoca en algunos elementos, los elementos de un barco. Parte de la clase media emergente de los años 30' buscaba distinguirse con estos diseños en un barrio progresista y no necesariamente burgués. 
El Art Decó saltó a la fama en el París de 1925 y devino en las formas redondeadas, balcones o galerías con barandas metálicas y ventanas de ojo de buey, como las de una embarcación. Esta casa, de la que desconozco el nombre del arquitecto, está en la línea de muchas casas de Nuñoa, Cap Ducal de Viña. Pertenece al modelo más avanzado de esa época; el barco. Se trata de viviendas transitables por los costados, con jardines y aprovechamiento de la luz natural. 
Se enfatiza la línea vertical en su diseño. Se ve un largo ventanal con bloques de vidrios que dejan pasar el sol, pero que no son transparentes, sino traslúcidos. Interiormente la escalera tiene forma curva y se descubre al mirar la fachada. Seguramente debe tener el suelo de baños y cocina con cuadriculado. Es una arquitectura racional, limpia, sencilla y con volúmenes desprovistos de decoración. Y con el color de la modernidad; el blanco. Color, que para el tiempo de esa foto, campeaba en la composición de la plaza.
Creo que la “refacción” que le han hecho a la plaza Sampaio, transformada en "plaza dura",  no es sobria, ni pulcra o tal vez refleja mejor a la gente de ese barrio o la nueva Punta Arenas. Vaya uno a saber.



29 sept 2014

COLGADA, la ropa en el cordel.


La ropa escarchada y sus perros lavados
en la altiva mejilla del hielo sin nubes, mi patio.

¿Y el viento?
El viento está mudo en su piel
y me nutre.

Se aplaza un vuelo en el aire
y la escuela me espera, sin argumentos.

Detén mi peinado temprano de euforia.
No hay clases
Mi tibio aposento sin premios,
María, sin piedad ciérralo.

La ropa sabe a qué juego;
Un, dos, tres,
¡ Momia es !

14 jul 2012

PRINCIPIO AL FIN























Como todos los años,
una sombra más preguntará.

Será en invierno
para revivir mejor los grandes fríos,
y el humo de los barcos 

con pequeño ruido de la nieve nos preguntará ¿Dónde están?

Nos sentaremos a la mesa
a probar el pan con los pies helados.

Un pájaro a través de la ventana
nos hará pensar en el bosque de los pinos
donde el viento macho era odalisca.

También preguntaremos por los antiguos
pensando quizás en el rostro de Beatriz
y en el inmenso ancho de su calle.

Aún existirá el boliche
donde se reunían los ebrios familiares.

Se cruzarán de piernas las visitas
sin sacarse el sombrero al beber el vaso.

Se irá la vida por detrás del álbum familiar
Por la radio nos invitarán al cine a ver una de vaqueros

con la pandilla de mi barrio.

Nos devolverán las pertenencias los ladrones.

La sopa del mendigo aún está caliente en la mampara.

Las traiciones de las ramas eran solo adivinanzas.

Y vendrán las madres a limpiarnos la chaqueta
y a peinarnos.

Y estarán los perros y los gatos con bolsones y cuadernos
en la breve distancia de esos siglos

y perdonaremos.


16 ene 2011

VERDAD



Cantan el ave
mientras converso con mi madre
los dos viejos detallando
lo que pasó por calle Gladys.

El destino marcó la sombra de un picaflor en la muralla.
El habano inunda el aire y es hermoso
pero el humo se me mueve y el picaflor se aplana.

Los hijos se reparten
como trozos
y la enfermedad se nos prolonga más profunda que un abismo.
Todo duele
y los dedos van golpeando nuestra mesa y el mantel.

El salto de zorzales en tarde suave
se amortigua con suspiros
de bostezo y mediación.

Cruzan las aves el crepúsculo lejano de un recuerdo
que oscurece sin ni un ruido.
Estoy en paz con lágrimas.
Nadie podrá contar esa verdad.

14 ago 2010

LA NIEVE DE NUEVO


No ponga eso.
No lo pongas
Los copos de nieve aplauden con guantes de mi lana
- Las comparaciones no son buenas - recita el profesor.

Estoy fríamente despierto. Sí, mirando
la nieve desnuda en el aire
Estoy fríamente despierto
En casa de infancia y de otros
sale mi nieve del alma hacia ti.

Hablan de asuntos importantes; 
Y ese recuerdo que es de ninguno
permanece curvo y nevado por ti.
¡Oh copo innumerable muerto de amor!

Despierto de frío
miro la nieve que vaga disuelta en el aire
junto a  mi cuerpo de hielo.

Polvo bañado de luz, di tú
¿Por qué son más
los recuerdos que puedo olvidar?

Pero qué importa, al fin
inmaculado es tu color para siempre
y mi vida se desprende y se cae,
en la nieve,
límpida y leve,
llena mi voz
y fría de amor.

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9 jul 2009

RECUERDO

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(Foto por Eugene Smith, 1946)

Qué solas quedan
las palabras que no pude pronunciar
y los amigos cubiertos por la nieve.
 
No hay nadie
y al mismo tiempo
¡Qué feliz me siento parpadeando campanadas!
 
Me nacen alitas en los dedos,
estacas de bronce en la memoria,
desfiles colegiales,
nacimientos y pedradas.
 
Y está el río
con sus cráneos lisos
de ángeles desnudos
 
Qué grande viene el sueño
con su garfio estampando laberintos
donde está perdida Alicia
y la felina risa que no es de nadie.
 
Me disfrazo de árbol, ovejero, asno y gaucho
 
y está el río
 
donde siguen mudos los arcángeles
durmiendo como nieve
y desnudos al crepúsculo
 
No me olvidé del sol
No me olvidé
Te lo prometo
Te lo juro.
 
Se me olvidó el dolor
en un ropero de cascadas y corbatas
 
Se me olvidó
dónde escondí relojes
pero guardé secretos de culpables que yo amaba
porque no había nadie.
 
En un ropero con aromas 
nacieron mis juguetes de por vida
y que a temprana edad
se les olvidó mi nombre.
 
Porque yo era silencioso
como nieve
y era nadie.

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¿QUÉ?



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¿Qué monstruo me une
a las profundas cavernas del lago
por donde emerjo?

EN EL AIRE


Lo único del aire son amigos
y se me llena la casa de terrores.
El azul ya rueda en las altas ramas del ciprés
pero el cielo va más rápido.

¡Qué feliz me siento!
Despertando colores por la tarde
y a punto de caer en hojas leves
¡Qué feliz me siento!

¡Estratosférico sin crústula
de píos y graznidos!

Sin relámpagos ni esdrújulas vocales
Ni siquiera el carnicero de la esquina
me da miedo.

Miro desde arriba
de la rama inquieta
que es la brújula en la palma de mi mano
suspendida
hasta cuando quiera el grito de mi abuela:

¡Te vas a caer! 

1 A 9 V 6 E 1
























La tierra sacude siglos
y el ave en sus cabriolas
mueve todo el cielo herido
medio a medio del Liceo.

Grises para el patio de escuela
entraban los harapos del viento
a puñadas de la arena
sin llorar un alarido.

Los adornos
o gorriones de los árboles
eran mudos signos
incapaces de un adiós.

El pájaro desciende y clava
un trozo gris de cielo
en el báculo breve del madero
de lo que alguna vez fue un muelle

El ave se desprende
de su pañuelo urgente
y del abrazo tenue
para siempre; vuela.

Adiós.

EL VIENTO




















El viento es un cultivo de azahares
que viene en cajitas de música sacra.
Eso al menos
yo creía.

Y en la pampa
el cable que segmenta
su telegrafía de bramidos
silva largamente en cada púa,
Y silva más que yo
porque eso lo escuchaba.

En el río,
Río de Las Minas por supuesto,
la alegría de las aguas
saludaban como olas de bolsillo
o ráfagas que del agua bajaban fundadoras
de cuanto mi dolor alcanzaría.

Firmamento y viento
y sólo mi presencia
para ese par de amigos
descomunales y perfectos

Era el viento y su dominio
sobre el pasto verde
y también del firmamento.

Era el mismo viento
que en las noches azotaba nuestras tablas,
enojado.

Era el mismo viento solo
sin nosotros
aullando inquieto
como un perro regalón abandonado
intensamente negro
como el negro firmamento.


21 DE SEPTIEMBRE
























Una mañana
un moscardón
vibró de negro.

La madreselva
y los álamos que abrían sus hojas nuevas,
se inundaron de lamentos que eran veintiuno.
en las tablas del brillo pusilánime.

La luz,
yo la recuerdo
adusta,
diluía mil pasos de memoria.

Mi padre
tenía aún la última palabra
en las pupilas naufragando.

Era ya la tarde y su huesuda mano rígida.

¿Quién puede hablarnos sobre la muerte,
sin que la piel se nos fraccione?

¿Cuál hombre?
¿Cuál mujer?
¿Cuál de cada uno reconoce el orden y el principio?

A LOS CUATRO VIENTOS

El nido de insomnio
hundido en su máquina azul
abrió su ojo sobre las nubes
y sostuvo el gran destello
para esperar maravillado.

Y un silencio interminable fatigó la noche
y traficó la soledad.

Era como todos acostumbrándose a la raíz enmudecida.

Borraron sus caminos
y el patrimonio del regreso le fue negado
como a todos la ausencia concedida.

Desenterró ese primer dolor
y supo qué distancia lo separó de la llamada primigenia
para ser un alma nauta
lejos de su luz territorial.

Eras tú; nosotros
desterrados
del universo inmenso
o de la bruma mínima.

RELENTE









La enfermedad del verbo enceguece.
La desolación grita ya sin ecos.
En el aparato de infortunios
el olor de los cuartos
es una máquina fundida y misteriosa.

¿Te acuerdas de la nieve?
¿Y de la escarcha colgando en los aleros?
Carámbanos se llaman. Tardé años en saberlo.

Tu distancia empotrada a bodegas y anaqueles
nunca abandonó el vacío
ni cuando asomó con su racimo de olvidos.

Las bicicletas nos amaban
de trigo y sudor eran esos días. ¿Te acuerdas?

Frente a nosotros, estáticos y fieles,
todos los barcos resistían.

Partiremos juntos, hermano.

Al norte. Te lo juro.

Una lámpara de miedos
iluminó nuestra bitácora de brisas
y así como un vendaval de alas cubría a Punta Arenas
un persistente polvo se aferró a nosotros.

No eras sólo tú.
Había otros que ya no tienen rostros.
En el claro oscuro de los años
son los emigrantes de nuestras navidades.

Selmo Sepúlveda Álvarez
por eso el estertor en la palabra
y la enfermedad que me enceguece a gritos.

En la habitación vacía
ronda la voz de un niño perdido
que no puede despertar de aquella muerte
y ni siquiera recordar aquella luz
por donde estaba la salida.


PARA DECIR COSAS DE SOLITARIO



















Para decir cosas de solitario es necesario:

Llorar en azul

Morir de la propia voz

Encadenar el asombro como si anduviera de paseo

Vagar por el empedrado de las calles

con las manos enlazadas por atrás


Ser un visionario.


Volar como ese pájaro tardío

que regresa a rama rota

en algún lugar del bosque donde ya oscurece.


Temblar porque se van las aves

se va la sílaba interminable

se va y regresa.

 

Para decir cosas de solitario

se debe con el diente lento del recuerdo

morder una semilla adentro

y esperar que una mano constelada

susurre con herrumbre provinciana,

tu nombre vencido,

pero habitado.



CARTA MANUSCRITA
























Padre,
hoy he mirado tus zapatos deformados
y la minúscula mugre de los pasos.

Hay, padre,
un nudo abriendo viejos clavos en el pecho
y en la esquina de las nubes
ya no es posible tu regreso.

¿Qué será de ti?
¿Nos buscarás en la casa que dejamos?

He crecido.
Y tu hermana aún se impresiona cuando asomo la cabeza
por la puerta del taller.

Aquí tu hijo,

como si pasaras caminando
como si recién te hubieras ido,

ABUELO


 

















y el concreto se abrió
a recibir
tus azules ojos.

Abuelo
este sol que dice de la vida;
es un dolor
colgando en la nostalgia
de tus pasos que vagan
en mis sueños
cada noche.

Nanay.


ATALAYA Y MADRE

























1

La calle

 

Mira con calma esta luz en las anchas alamedas
el humo de las tiendas.

Los pájaros rompiendo techos.
Los automóviles quemados.
Y la sangre en las vitrinas.

Vivimos
a nivel de las vísceras.

¿Para qué entonces levantar estos muros,
si reptamos lejos de nuestra casa
recordando junto al fósil de una madre
el profundo sueño de las habitaciones viejas?

¿Recuerdas donde la abuela Antonia escondía el pan?
¿El ámbito de la palabra oscuro?
¿Acaso tu casa no fue una segunda piel?

Y aquí la capital
el vacío como un abanico de aullidos
con sus cables y explosivos.

No apartes la vista de las calles.
Sube el humo de los nombres

Mira con calma
quiénes son los detenidos.

¿Quién nos despojó de nuestras pieles?

Y mira aquí.
Mira con calma.

 

2

El patio

 

Yo soy lila
la mayor parte de la vida
pero el tibio sol en la mañana
a las diez de la mañana de mi madre
tan lejos de las cosas
habla de la gente clara, de la gente pan.

A las diez de la mañana
yo soy lila
la mayor parte de mi vida.
Pero esta tibieza de la piel
este mínimo calor en las rodillas me adormece.

Para escuchar a mi madre
yo soy lila
la mayor parte de mi vida.

En el patio, la risa de los niños
los pasos quietos del cartero,
el crujido de la escoba,
los martillazos en la cerca del jardín.

Mi madre borda sus palabras:
que son blusas, 
paños de cocina

que son días.

 

Veintiséis años bordando en el primer sillón.
Veintiséis años hablando de la gente.
Veintiséis años amarillos.

Y yo lila
la mayor parte de mi vida:
cobijado en mi piel de niño.


COSA DE HOMBRE Y NIÑOS






































Madre, abuela, hermana;
la vieja y gran familia

¿Cómo contar de la muerte,
que a los niños les roba juguetes?

Mi tío Raúl se llevó en la nuca
mi camisa recién planchada
con motivos interplanetarios.
Y por dios que me dolió.

Mi padre Julio Rubén
se lo llevaron los percherones
en ataúd morado
y con mi silabario azul.

Mi abuelo Miguel,
el que me decía narigón
en un mes de Agosto,
se nos murió de tos.
Se lo llevaron con mi traje;
entre dos.

De rubios y fantasías
no quedaban más que dos
mi tío Miguel Segundo
y yo.

Al tío le gustaban las mujeres
pero más el vino,
se llevó mis pantuflas
pero me dejó el reloj.

A la edad de los entierros
catafalco y misa
nos cubren los panteoneros
y el tiempo nos clasifica.

Sobreviven las tristes
esperando que al morir
alguna por travesura
me esconda un juguete.

Pero si muero
también tengo alternativas.

Le pido a mis sobrinas
que cuiden la tradición
y me pongan una cajita musical
de esas que tienen bailarinas.

Y a mi mujer perfecta
cuando sepa de mi muerte
que me traiga aquella foto
la que guardo en el Quijote.

Y si tiene rabia

que me queme
será el último favor
que yo le pida.

SPLEEN


























Se desgarra el aire
y la nocturna calma.

Los copos de la nieve
persiguen nuestros pasos
en un vértigo
de evasiones y emboscadas.

La tarde hunde su pecho ecuatorial
en el ocaso.

Y un pantalón,
colgado en el invierno,
sostiene ademanes familiares,
como un dolor
que espera agazapado
en el último cansancio.

REGINAL























Hermano
pienso en la madeja
que el tiempo ha tendido entre nosotros
trisando los puentes y alamedas
las ciudades luminosas con sus aguas
como si todo lo que hicimos
fuera un sueño que inventamos.

Y la silenciosa madeja
pone en tu boca sonriente
palabras que no alcanzo a comprender
Hongos y raíces
doblándose en el vino,
estambres y guijarros
alzándose como dardos de amargura.

Eres lejano
y más aún en estas líneas.
Y has dormido dócil
con el itinerario de plácidos recuerdos.

Yo aún rumoreo
sumergido en la espuma
y a pesar de tanto entierro
todavía miro frente a frente como niño.