16 ene. 2011

VERDAD

Cantan al canario
mientras converso con mi madre
los dos viejos detallando
lo que pasó por calle Gladys.

El destino marcó la sombra de un picaflor en la muralla.
El habano inunda el aire y es hermoso
pero el humo se me mueve y el picaflor se aplana.

Los hijos se reparten
como trozos
y la enfermedad se nos prolonga más profunda que un vacío.
Todo duele
si los dedos van golpeando nuestra mesa y el mantel.

El salto de zorzales en tarde suave
se amortigua con suspiros
de bostezo y mediación.

Cruzan las aves el crepúsculo lejano de un recuerdo
que oscurece sin ni un ruido.
Estoy en paz con lágrimas.
Nadie podrá contar esa verdad.

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