9 jul. 2009

RELENTE


(Avenida Colón;  866)















La enfermedad del verbo enceguece.
La desolación grita ya sin ecos.
En el aparato de infortunios
el olor de los cuartos
es una máquina fundida y misteriosa.

¿Te acuerdas de la nieve?
¿Y de la escarcha colgando en los aleros
con sus collares de burbujas?
Carámbanos se llaman. 
Tardé años en saberlo.


Tus distancias empotradas
a bodegas y anaqueles
nunca abandonaron los vacíos.


Me acuerdo de ti
cuando la palabra revienta en su racimo
de olvidos que porfían.


Hermosas bicicletas nos bebían
De trigo y sudor eran esos días. ¿Te acuerdas?
Y piedras espantosas en el patio de locos
bordaban carruseles movidos por el viento.

¿Te acuerdas?

Frente a nosotros, dos estáticos y fieles,
todos los barcos resistian.
Partiremos juntos, hermano. Al norte. Te lo juro.


Una lámpara de miedos
iluminó nuestra bitácora de brisas
y así como un vendaval de alas cubría a Punta Arenas
un persistente polvo se aferró a nosotros.


No eras sólo tú.
Había otros que ya no tienen rostros.
En el claro oscuro de los años
son emigrantes de nuestras navidades.


Selmo Sepúlveda Álvarez,
por eso el estertor en la palabra
y la enfermedad que me enceguece a gritos.


En la habitación vacía
ronda la voz de un niño perdido
que no puede despertar de aquella muerte
y ni siquiera recordar aquella estela
por donde estaba la salida.

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