
Se desgarra el aire
y la nocturna calma.
Los copos de la nieve
persiguen nuestros pasos
en un vértigo
de evasiones y emboscadas.
La tarde hunde su pecho ecuatorial
en el ocaso.
Y un pantalón,
colgado en el invierno,
sostiene ademanes familiares,
como un dolor
que espera agazapado
en el último cansancio.
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